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Colectivo busca impulsar el liderazgo de las latinas en el boom psicodélico

Latinas in Psychedelics (LiP) es un colectivo creado en 2020 por Susie Plascencia para conectar, visibilizar y acompañar a mujeres latinas vinculadas a los psicodélicos. En un escenario empujado por ensayos clínicos y nuevos negocios de bienestar, LiP advierte que el auge no puede construirse sin liderazgo latino ni respeto por los linajes indígenas de estas medicinas.

Psilocibina, ayahuasca, peyote y otras sustancias no son una novedad, más bien forman parte de historias comunitarias y ceremoniales que también han sido cargadas de estigma, persecución y apropiaciones. Así lo menciona el artículo publicado por Verónica Castillo, en el medio especializado Lucid News, destacando, entre otras cosas, el caso de Brasil, donde existen marcos que reconocen prácticas con ayahuasca apoyándose en conocimiento tradicional y garantías constitucionales.

LiP aparece, entonces, como respuesta a una pregunta práctica y política: ¿quién está en la mesa cuando se definen estándares, formación, industria y políticas públicas? Susie Plascencia fundadora también de Latinas in Cannabis (LiC) sostiene que LiP nació para “proteger espacio, visibilidad y liderazgo” de las latinas en un movimiento “en rápida evolución”. Cannabis y psicodélicos comparten debates sobre salud, cultura y regulación y el colectivo busca evitar que la comunidad sea convocada solo cuando el tablero ya está armado.

Mary Carreon, editora en jefe de DoubleBlind y miembro del grupo, refuerza esa mirada destacando las organizaciones pensadas como infraestructura de apoyo y no solo como etiqueta identitaria. De cara a 2026, LiP proyecta ampliar educación culturalmente responsiva, sumar mentorías y recursos profesionales y empujar una defensa más activa de políticas informadas por experiencias vividas.

La dimensión ética se concentra en la voz de Amorinda Martinez, integrante fundadora quien plantea que las políticas deberían guiarse por quienes cargan experiencia directa en lugar de quedar encerradas en marcos exclusivamente regulatorios o académicos. En esa línea, pide formación y prácticas que integren reducción de daños, consentimiento informado y medidas de seguridad sin romper la relación con la comunidad, la ceremonia y la tradición. 

Aunque el “boom psicodélico” suele narrarse como frontera terapéutica, LiP advierte que sin memoria y sin representación de las diferentes comunidades, la promesa de sanación puede convertirse en otra forma de extracción cultural. En ese contexto, la disputa por el lugar en la mesa –quién nombra, quién regula, quién se beneficia– define qué futuro tendrá la medicina psicodélica y para quiénes será accesible.

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